jueves, 3 de diciembre de 2015

Navidades Sangrientas Historias Reales Feliz Navidad

LA NAVIDAD SANGRIENTA




La navidad es aquella ceremonia donde se festeja el nacimiento de Cristo, y todos tienen una noche buena, pero la familia Edith no tuvo esa noche buena. Londres año 1980, la familia Edith espera ansiosa la navidad, es un día con mucha nieve, pero podría ser peor cuando informan por televisión sobre un asesino que se ha escapado de la cárcel con un traje de santa Claus y que ronda por esa misma zona, la familia se mantiene alerta, pero no lo suficiente ya que no han asegurado la casa y que en cualquier momento el prófugo podría introducirse en el hogar.
Ante esto la madre manda a dormir a su hijo en la planta alta de la casa (2° piso), para estar más asegurado. Ya son más de las 00:00 hs y en la casa están todas las luces apagadas, de repente se siente un ruido por la chimenea entonces Lautaro hijo único de la familia se levanta de la cama creyendo que era santa, fue entonces cuando la madre grita: ¡Lautaro corre y escondet...., pero el asesino le corta el cuello a la mujer con lo cual muere ensangrentada, el niño siente un temor inexplicable .
Mientras el niño subía las escalera rápidamente el prófugo le decía con voz dulce y delicada: lautarooo, dale un abrazo a santaaa. Fue entonces que en esa ocasión aparece el padre del niño peleando contra aquel asesino, pero por un descuido minúsculo el suicida saca un hacha que tenia escondido en su traje robusto y le corta el hombro al pobre hombre que gritaba agonizante en el pasillo de su casa, mientras gritaba adolorido por la herida el esquizofrénico hombre le corta la cabeza al papa de Lautaro, ahora sí, Lautaro sentía miedo, pero a la vez furia y tristeza por lo sucedido aquella noche de alegría, el estaba solo e indefenso lo único que pudo hacer fue esconderse en su cuarto encerrarse en su closet y llamar sollozantemente a la policía sin que aquel demente se diera cuenta de la llamada a las autoridades y que todo se diera por terminado......pero no fue así como lo pensó Lautaro.
El asesino aun buscaba al joven asustado, pero cuando subió las escaleras escucho un bullicio en el armario, el loco sin pensarlo corta el cable del teléfono, abre el armario y asesina muy brutal y despiadadamente a aquel joven niño de tan solo 7 años de edad, cortándole sus miembros y extrayendo sus órganos, mientras Lautaro agonizaba el despiadado hombre le corta el cuello y es ahí cuando la vida de aquel niño se da por terminada, pero antes de irse el loco vestido de santa Claus descuartiza a los integrantes de la familia, los mete en una bolsa negra y los coloca en una caja cuadrada lo envuelve con papel de regalo y lo deja debajo de aquel árbol de navidad que hermoso se veía con sus adornos navideños.
Jamás se volvió a ver a aquel asesino, pero ten cuidado, puede que en cualquier navidad aparezca en tu casa, pero... ¿estarás preparado para ello?.
Esta Historia Fue Extraida De www.pasarmiedo.com
Segunda Historia 
 El martes que viene, 24 de Diciembre, no publicaré ninguna historia, por lo que aprovecho este post para desear, a los lectores que la celebran, una muy feliz Navidad. Les mando un saludo, y nos encontraremos el próximo viernes para la siguiente historia de Terror, Misterio y Suspenso. 

El timbre lo sacó del pesado sopor de la resaca. Lo primero que hizo fue cubrirse los ojos con las manos: por la ventana entraba una luz impiadosa y tórrida. Ya había amanecido, era la mañana o la tarde del veintiséis de diciembre. El timbre volvió a sonar y el hombre farfulló algo y se levantó. En el instante antes de abrir la puerta se dio cuenta de que estaba vestido únicamente con calzoncillos (manchados), entonces regresó al dormitorio y se vistió. Volvió a la puerta. Abrió. Un chiquillo, de no más de seis años, lo miraba con una furia turbadora. En su mano sujetaba un camioncito de juguete.
   -Yo no te pedí esto, Santa- dijo el niño, sin dejar de mirarlo de esa manera tan perturbadora-. No te pedí un camión. Te pedí un juego para la Play, la última versión de “Call of Duty”.
   -¿Ah?- dijo el hombre, tratando de acomodar sus ideas.
   -No quiero este camión- repitió el niño-. Quiero mi juego. Te lo dije bien claro ayer, en la juguetería. No quiero juguetes. Este camión es una porquería.
   Se lo arrojó a los pies y se le quedó mirando, a la espera de una respuesta. El hombre se apoyó en el marco de la puerta y luego alzó la vista. La calle estaba desierta; la mugre de los festejos de la noche anterior aún permanecía en las veredas. Regresó la vista al chico.
   -Hey, nene, ¿dónde están tus padres?
   -Eso no te importa, Santa- dijo de inmediato el niño-. Quiero que me des el juego de la Play que te pedí.
   -Mirá, querido, primero y principal: yo no soy Papá Noel. Soy un tipo al que le pagaron por usar ese traje de porquería. Tal vez ayer te dije que te iba a traer ese jueguito para la Play, pero era mentira, ¿está bien? Me pagaron para decir esas cosas y sacarme fotos con nenes maleducados como vos. Quienes deben comprarte los regalos son tus padres. Y segundo: ¿cómo mierda supiste que vivo acá?
   -Quiero mi juego, Santa.
   -Llamaré a la policía para que te lleve con tus padres, pendejo.
   Cerró la puerta y llamó al número de la policía, pero nadie atendió. El hombre maldijo en voz alta. En la comisaría debían estar todos borrachos. Regresó a la puerta y antes de abrir recogió el camión que había quedado en el piso.
   -Mirá, nene…
   Pero se interrumpió. Dos chicos más se habían sumado al primero. Uno sostenía un caballito de juguete, el otro un tanque de guerra del tamaño de una caja de zapatos.
   -Estos no son los juguetes que pedimos, Santa- dijeron los niños a coro.
   El hombre cerró la puerta. Algo se estaba saliendo de los límites de la normalidad. ¿Acaso por fin la bebida lo habría vuelto loco? Regresó al teléfono y volvió a llamar a la policía, pero de nuevo nadie le contestó. Se acercó a la ventana y miró. Ahora había al menos diez o doce chicos frente a su puerta. Todos sosteniendo distintos juguetes: desde pelotas hasta libros infantiles, pasando por mesitas de madera y triciclos de plástico. El hombre abrió la ventana y de inmediato los chicos giraron la vista hacia él.
   -Miren, queridos, no sé qué mierda se pensaron que soy, pero se equivocaron- gritó a través de la ventana. El corazón le latía a un ritmo acelerado. Sentía la boca pastosa y seca, un poco por el miedo, pero sobre todo por la resaca-. Yo no soy Papá Noel. Ayer me vieron en esa juguetería, pero porque un chino explotador hijo de puta me contrató. Si quieren vayan a reclamarle a él. O mejor a sus padres. Pero a mí me dejan en paz. O de lo contrario…
   Vio que uno de los chicos se agachaba y luego arrojaba algo en su dirección. El hombre atinó a protegerse el rostro antes de que el vidrio de la ventana explotara en mil pedazos.
   -¡Mierda! ¿Qué carajo…
   -¡Esto no fue lo que te pedí, Santa, viejo degenerado!- chilló el chico que había arrojado la piedra, alzando un trencito por sobre su cabeza-. ¡Te pedí una bicicleta, no esta porquería! ¡Quiero mi bicicleta, AHORA!
   -¡Me rompieron la ventana, hijos de puta! ¡Voy a llamar a sus padres! ¿Me escucharon? Ahora mismo voy a…
   Más piedras comenzaron a volar por los aires. Una de ellas, del tamaño de un puño, dio de lleno en su mejilla y sus ojos se inundaron en lágrimas. El hombre gritó y trató de cerrar los postigos, pero la lluvia de piedras arreció y tuvo que refugiarse detrás del respaldo del sillón. Y en ese momento los chicos comenzaron a entrar por la ventana. Algunos se cortaban con los vidrios, pero igual seguían adelante. Parecían enardecidos. El hombre salió de su improvisado refugio y atacó al primero que se le acercó. Lo derribó de un puñetazo, y luego hizo lo mismo con el segundo. Estaba a punto de hacerse cargo del tercero cuando sintió que algo duro y pesado se le hundía en la frente. Otra piedra. El hombre sintió que la sangre le corría caliente por la cara, y luego se desmayó.
   Se despertó preso de un dolor inconmensurable en el estómago. Trató de aferrárselo con las manos, pero no pudo: se las habían atado al respaldo de la cama. Alzó la cabeza. Los chicos lo rodeaban. La habitación estaba en penumbras, los ojos de los chicos brillaban como los de los gatos. El hombre volvió a sentir aquel dolor agudísimo y bajó la vista hacia su panza. Los chicos le habían abierto la carne: metían sus manitos dentro del estómago y apretujaban y amasaban sus tripas, como revolviendo un guisado. El hombre se sintió a punto de desmayar otra vez.
   -¿Dónde están nuestros putos juguetes, Santa?- le dijeron a coro.
   -No lo sé- gruñó el hombre, escupiendo un espumarajo de sangre-. Ya les dije… yo no soy Santa… mierda…
   Su cuerpo se convulsionó y sus ojos se pusieron en blanco. Segundos después, el hombre expiró.
   -No, no es Santa- suspiró el chico que quería el juego de “Call Of Duty”. Retiró sus manos de la barriga abierta del hombre y las limpió en las sábanas apestosas-. ¿Quién es el siguiente?
   Otro de los chicos, el del trencito eléctrico, consultó un papel.
   -Vive en la calle San Juan, al mil doscientos. Lo vimos ayer en el Centro Comercial del Este.
   -Tal vez sea él.
   -Sí- dijo “Call of Duty”, y sus ojos brillaron aún más-. Tarde o temprano encontraremos al verdadero Santa. Y entonces tendrá que darnos los juguetes que pedimos.
   -¡Sí!-  gritaron con entusiasmo los otros chicos, aplaudiendo y dando pequeños saltitos de alegría. Recogieron sus juguetes y se marcharon del lugar.
   Media hora después, un hombre flaco, que acababa de despertarse de la siesta, abrió la puerta a un chico menudo, que sostenía con sus manos un camioncito de juguete.
   -Este no es el juguete que te pedí, Santa- dijo el chico, mirándolo con ojos furibundos.
Esta Histoia Fue Extraida De www.666cuentosdeterror.com

Trecera Historia 

Amor Eterno

-Si no quieren acabar aterrorizados -o como mínimo, con el alma en pena- dejen de leer aquí. Puede no ser la historia más terrorífica ni la más espectacular y paranormal. Esta es una historia real, y no hay motivo para inventar fantasías. Y todo lo contrario a cuentos cortos de terror por ser largo, y por tratarse de una historia real.


Desde niño, había escuchado la frase “Amor Eterno”, utilizada por adultos de forma recurrente con sus parejas —sin tener en cuenta si fuese verdad o mentira … o peor aún, que fuesen como yo al no entender ellos mismos el significado—. Yo la verdad, nunca entendí qué significaba ya que sabía que dos personas no pueden estar juntos para toda la eternidad pues esta última es mucho más larga que las vidas de una pareja mortal.
—Años más tarde…
Dentro de poco habría cumplido los dos años con mi novia, Carmen del Rey. Yo la llamaba así a veces cuando ella no me escuchaba —se parecía a Lana del Rey, y por estilo, le encantaba todo lo vintage, era una chica guapa, tenía tumblr— ¡una chica cualquiera a la moda, guapa, de las que puedes seguir en twitter! Vale, tampoco quiero presumir de ella (porque parece que me lo inventó) En su contra diré que me sacaba un poco de quicio que a veces fuese “tan tonta” —no te ofendas si puedes leer esto cariño, dentro de nada te lo explicaré y ya verás como no te enfadarás!— Pero hay que reconocer que tenías cosas un poco tontas eh (…) ¡tienes, tienes!
Le juré “Amor Eterno”, del mismo modo que había escuchado decirlo a otras personas. De verdad, la amaba y sentí la necesidad de utilizar dicha frase. Pero utilicé la frase de forma retórica y siguiendo sin entenderla.

Para mí era perfecta… aunque últimamente estábamos peleando mucho precisamente porque había cosas suyas que me molestaban (no por el hecho de que no pudiera ver una película en versión original con ella, -porque no sabía inglés- sino porque la veía muy inmadura en según que cosas)

Y lo peor: su madre. Ella la trataba como una niña de 13 años. A su edad le llamaba la atención si llegaba a casa más tarde de las 22:00h -mientras sus compañeras de clase llegaban a casa a la mañana-
Y eso que Carmen lo único que hacia era estar en mi casa, preparándole yo a ella la cena, siempre comíamos comidas que veíamos en las películas de la cultura americana, asiática, o grasientas en general, como Kebabs, nachos con queso, hamburguesas con bacon, porquerías. Pero deliciosas. Luego nos poníamos delante de la pantalla del ordenador y veíamos una película online.
Película que no entendía, pero aún así me decía de ponerla y que ella leería (aunque yo sabía que en realidad no se enteraba ni de misa la mitad)

Pero el problema era la madre, no el inglés o las discusiones tontas. Esa mujer me odiaba. Yo no acabé la escuela (¡y encima me hice tatuajes!) así que tenía la mano de póker para darme su madre el Royal Flush y vencerme con odio. Infundado, pero odio.

Yo hice todo por llevarme bien con la madre (que ni me quería ver, aunque sí juzgar). Al Carmen decirme de la negativa de la madre a colaborar en vernos (se lo ofrecí con toda amabilidad y madurez que ningún novio del mundo pueda tener), yo voy y grabo un video.
Cogí el laptop, abrí la aplicación de la webcam, y comencé a grabar. Comencé a hablar a la cámara para la madre, como tenerla frente a frente, hablé de lo que quiero a su hija, de lo equivocada que estaba al juzgarme sin conocerme, porque yo era un chico maduro que la quería de verdad, y que sabía ver lo estúpidos que eran el 90% de tipos ahí afuera. Palabras que podrían cautivar a un “negativista” que encima es gótico dark-punk emo nihilista. Pero no funcionó.

Siguió odiando sin sentido ni motivo. Haciendo la vida imposible a su hija por salir conmigo y cocinar, ver películas, salir a pasear, comer de restaurante chino, acompañarla con la moto que compré precisamente por evitar que tomara el bus a la noche… Como pueden ver, no soy el mejor escritor, pero si el mejor novio.

La quise, la quiero, como a nadie he querido en el mundo antes. Y seguiría con ella. Pero la madre —con sus gritos— convertía a Carmen en una chica distinta. La entristecía, la convertía más sensible, menos feliz, más depresiva. Y empezamos a chocar más que nunca.

Ya no eran peleas, eran escenas que perfectamente podrían aparecer en una película de Lars Von Trier pasado de depresión y desesperación. Lo último fue que su madre me hacía magia negra pagando a “gurús” para que me mal hechizarán, y todo me saliese mal —o a saber que pedía esa mujer— Así que no solo mala madre, pero también era ignorante, pagando con el dinero de la pensión de alimentación de su hija— (como no, divorciada) y encima creyendo en estas estupideces.

-¿A que no es normal? No, no lo es. Carmen y yo éramos felices. Su padre era peor que su madre y la abandonó cuando era pequeña por lo cual sufrió mucho. Actualmente vivía en casa de sus padres —perdón, madre—, por desgracia.

Yo trabajaba en la playa, en un pequeño bar, sabia idiomas así que no me fue difícil conseguir un trabajo. Mis jefes eran a veces simpáticos, pero su hija pequeña —que por ahí correteaba— pura simpatía. Normal, tenía 2 años. Era su cumpleaños. Y sin tener por qué, Carmen y yo tuvimos un detalle con ella. Le compramos una camiseta en Zara Baby y yo pedí unas tachuelas punk doradas y plateadas por eBay, tipo camiseta negra que llevaría Katty Perry —así muy vintage—. Como tan de moda esta ahora (y a nosotros nos gusta y gustaba desde hace años). Sería la niña más a la moda de la clase de infancia.

Pues la madre de mi chica no permitió que su hija -mi novia- acudiese al evento. Al cumpleaños de una niña de dos años que además adoraba a Carmen de cada vez que venía a recogerme a la salida del trabajo.
Ella le puso las tachuelas a la camiseta de la niña (le encantaba, encanta la moda)  Pero la madre llenó la pequeña camisetita de pegamento “Super Glue”, arrugándola toda y haciendo que todo se pegara y destrozara.

Todas estas cosas se podrían evitar. La vida ya es bastante fastidiosa tal cual está. Podemos morir cualquier día en el auto o de una enfermedad, contraer cáncer, o no tener que sufrir uno en nuestra familia. Recortes en sanidad y educación, risas y políticos, deudas, y falta de dinero para una casa, o un iPhone 4. Pero no, la gente aún así no quiere simplificar un poco más la vida, y así poder disfrutarla un tanto más.

-Y yo no aguante más.

Al próximo día, cuando Carmen vino a casa, le dije que no podía seguir más así, que la quería, pero no aguantaba más. Que no podía ver como el chico que más había hecho por ella —y después de sacrificar tanto, sufrir, aguantar, y esperar tanto— tuviese aún que sufrir este lío de cosas. ¡Si prácticamente miraba más por ella que su propia madre! Desde cocinar sus platos favoritos a pagarle la factura del HTC.

Se fue llorando, le dije que la quería y que lo sentía. Y ella se fue por las escaleras empapada de lágrimas. Al momento me arrepentí. Pero sentí que debía ser fuerte con mis decisiones (al menos 1 minuto) y que luego a la noche ya hablaría con ella en Skype.

Esa noche me quedé dormido esperándola. Así que le envié un email al día siguiente, porque eran las 18:06 (me acordaré toda mi vida) Era raro que no se hubiese conectado, sobretodo porque sé que me quería, quiere.

Al rato recibo este email. Tal cual:

de:
Francisca Pxxxx xxxxx xxxxxx@hotmail.com (madre de Carmen)
para:
(mi)  <xxxxxx@gmail.com>
fecha:
22 de diciembre de 2011 10:03
asunto:
HIJODE**** …. ERES UN **************, MIIIIIIIIIIIII HIJA CARMEN EL MARTES SE ESTBAA YO EN ELS ALON Y SE CORTÓ
Y ME DIJO
“MAMÁ. ESTOY HARTA DE LO QUE ME HACES SUFRIR. PORQUE NO ME DEJAS SER FELIZ CON ÉL. LE QUIERO. EL ME AMA. PORQUEEEEEÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ
VAS A VERME SUFRIR, NO QUIERO VIVIR QUIERO MORIR………………….
QUIERO QUE VEAS COMO HACES SENTIR A TU PROPIA HIJA, QUIERO QUE POR UNA VEZ ME QUIERAS Y VER EN TUS OJOS LA LAGRIMAS DE UNA MADRE SUFRIR POR VER COMO SU HIJA SE MUERE DELANTE SUYA. Y QUE VEAS COMO ME AHOGO EN MI PROPIA SANGRE, HASTA MORIR POR NO SENTIR QUERER.

— Y zas, se cortó Carmen la garganta. Se suicidó por amor.

La madre de ella, llama a mi madre y le cuenta lo ocurrido. (debió sacar el teléfono del móvil de MI amor)

A mi madre le contó que vio como Carmen fuera de sí y casi riendo —por la locura que su madre le provocaba— se “acarició fuertemente el cuello con una daga” y así dio fin a su sufrimiento. En la autopsia encontraron mi nombre “tatuado con la daga” en su brazo:

“Alex”

En cuanto me lo contó mi madre, sentí algo muy especial. Le di un beso a mi Madre y uno a mi Padre. Les dije que les quería, y que me iba al extranjero a trabajar. Que marchaba mañana en avión y que ya les llamaría.

…Al menos así los entretendría durante 1 mes más sin enterarse.

Para cuando lean esto el 23 de Diciembre de 2011 en mi muro de Facebook -o en cualquier blog que tomase mi historia por divulgación o relato de amor- Yo ya estaré muerto.

Mi nombre es “Alex” y partí de este mundo por voluntad propia, de la misma manera que Carmen, un día Viernes. Logré averiguar donde estaba la tumba de mi ex amor. Cavé y saqué del cajón su pálido y hermoso cuerpo para deshacerme de ese cajón que no permitiría que descansemos juntos.
Me tatué su nombre en el brazo con la misma daga que ella utilizó, y con el mismo “dibujé una línea roja en mi cuello”, así como ella lo hizo. Con la esperanza así de poder llegar “al mismo exacto lugar” que Carmen —sea donde sea ese lugar— Me acosté en posición fetal abrazándola fuerte y besándola durante mis últimos minutos de vida, feliz porque esa navidad la pasaría con ella, como los dos anteriores años.
Estaba cumpliendo sin más ni menos lo que le había jurado en vida: “Amor Eterno”. Y al mismo tiempo iba entendiendo el significado de dicha frase….mientras se me acababa la vida.
-A mis papás: Si leen esto algún día, no lloren por favor. Sé que ahora si han llegado hasta aquí estarán llorando y sufriendo de dolor. Pero mi vida en la tierra no sería feliz si no era estando junto al amor de mi vida. Los quiero y siempre los querré
Cuarta Historia De Terror
Terror en navidadEsa navidad la pasamos en la casa embrujada de unos asesinos. Como estábamos peleados con casi todos nuestros parientes, mis padres aceptaron la invitación de un matrimonio conocido, y fuimos pasar la noche buena en su casa, que se encontraba en una zona rural.  Al dejar la ruta atrás y adentrarnos en un camino polvoriento, el paisaje se hizo monótono, pues solamente era campo, y el auto comenzó a vibrar por las irregularidades del camino. Iba mirando por la ventanilla cuando un manotazo me golpeó la cabeza. Me volví hacia mi hermano, que me miraba con cara de burla, y lo acusé:- ¡Mamá! ¡Carlos me pegó en la cabeza!- ¡Mentira! Yo no le hice nada -se defendió Carlos, y me miró amenazante.- ¡No empiecen ustedes dos! ¡Si se portan mal en la casa… me van a desconocer! -nos amenazó mamá, y mirando a papá le dijo-. También son tus hijos, ¿no le vas a decir nada?- Pórtense bien o damos vuelta y pasamos la navidad solos en casa, ¡ah! Y no les doy los regalos. - Me voy a portar bien -prometí. - Yo también -dijo Carlos-. Fue Fernando el que empezó. - ¡Fuiste vos! -grité, y le di un puñetazo en el hombro. Cuando intentó responder al ataque, mamá, que había girado hacia nosotros, lo detuvo con un grito-. ¡No sigan! ¡Ya basta, no importa quién empezó! El resto del camino nos amenazamos con señas, mas cuando mi madre volteaba los dos estábamos quietos, pero ni bien ella volvía a mirar hacia adelante, seguíamos en lo nuestro.Apenas el auto se detuvo frente a la casa nos precipitamos hacia afuera. - ¡Mira que grande que es! -exclamó mi hermano. - ¡Y que alta! -grité-. Si uno cae del techo se hace m…- ¡Fernando! No digas esas cosas aquí porque me vas a sacar de quicio, ¡por favor! -exclamó mi madre.  La puerta se abrió y el matrimonio dueño del lugar salió a recibirnos. Entramos a la sala. Sobre una mesa había bocadillos. Enseguida nos pusimos a mirar todo girando la cabeza sin el menor disimulo. Mi hermano y yo nunca habíamos visto una casa tan elegante y antigua, nunca habíamos visto un retrato, sillones tan grandes ni muebles tan finos. Mientras nuestros padres conversaban con los anfitriones vaciamos varias bandejas, después, al empezar a aburrirnos, observamos nuevamente lo que allí había. Éramos muy inquietos como para estar mucho tiempo en un lugar. Conocía tan bien a mi hermano que esperé a que él lo dijera: - Queremos salir a jugar, ¡mamá! ¡papá!- No, afuera ya está de noche -le contestó mamá-. Si quieren andar aquí adentro está bien, pero tienen que pedirle a ellos. - Yo no tengo ningún problema, pero… -repuso el dueño de la casa- como el lugar es grande y viejo puede ser que se asusten. - Mira -le dijo mi padre-, estas sabandijas (así nos llamaba papá a veces, bromeando) están “curadas”, ý capaz que si ven un fantasma le quitan la sábana y se la pintarrajean, ¡jajaja! La mujer de la casa fue a decir algo, pero Carlos y yo salimos disparados hacia un corredor. Si el lugar nos había parecido grande desde afuera, desde adentro nos parecía vastísimo. Iluminaban el corredor unas lámparas mortecinas, muy separadas entre si, haciendo que las sombras se disputaran el lugar. Después de pasar bajo una ventana, creímos que empezaron a arañarla desde afuera, pero era una rama que rozaba el vidrio.  Aunque no teníamos permiso, abríamos las puertas de las habitaciones, encendíamos la luz y mirábamos dentro. La mayoría se encontraban vacías, algunas tenían camas y muebles. Al abrir una habitación y encender la luz, vimos a una anciana sobre la cama. La anciana volteó hacia nosotros y nos sonrió dulcemente; nosotros estábamos paralizados por la sorpresa, porque no esperábamos encontrar a alguien. De repente la anciana lució aterrada; una mano peluda surgió de debajo de la cama, en el lado opuesto al que estábamos. La anciana medio se enderezó mirando con horror a la mano monstruosa que tanteaba rápidamente las sábanas. Abrió la boca como si estuviera gritando pero no escuchábamos nada. Y se presentó algo más aterrador. El dueño de la mano peluda tenía cabeza de cerdo, y salió rápidamente de debajo de la cama y se abalanzó hacia la anciana sacudiendo la cabeza. En ese momento se abrió la puerta de un ropero enorme, y salió corriendo de él una especie de bruja horrorosa, e iba rumbo a la cama tirando manotazos. Ante tanto terror la anciana se llevó las manos al pecho y quedó con la boca abierta y los ojos muy grandes, tiesa.  Entonces el monstruo con cabeza de cerdo le tanteó el cuello, miró a la bruja y se apartó del cuerpo de la pobre anciana. Después se sacó la cabeza, más bien, se quitó la máscara que llevaba, y no era otro que el actual dueño de la casa; y cuando la bruja se desenmascaró, era la mujer. Repentinamente toda aquella escena de terror desapareció ante nuestros ojos, y la habitación estaba vacía. Llegamos corriendo a la sala donde estaban nuestros padres, y tuvimos que mentir que jugábamos una carrera. Con Carlos nos entendimos solo con una mirada. No íbamos a contar lo que vimos. Todavía faltaba la cena, y prometía ser buena.Durante la cena los anfitriones mencionaron que la casa antes era de su tía, la que desafortunadamente había muerto de un ataque al corazón

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